Deseo sexual en hombres: mitos y realidades

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Deseo sexual en hombres: mitos y realidades

Deseo sexual en hombres: mitos y realidades

Septiembre 01, 2013

Con cierta frecuencia recibimos en consulta a personas preocupadas porque ellas o su pareja tienen poco deseo o pocas ganas de mantener relaciones sexuales. Y cada vez hay más hombres que acuden a terapia con esta demanda.

 

Socialmente se tiene la idea de que los hombres tienen más deseo sexual que las mujeres, pero esto no tiene por qué coincidir con la realidad. Cada persona tiene sus propios niveles de deseo, que pueden ir variando a lo largo del tiempo dependiendo de muchos factores. Por ejemplo, habitualmente cuando comenzamos una relación con alguien, nuestros niveles de deseo tienden a estar más altos. Por el contrario, el deseo tiende a disminuir cuando nos encontramos en etapas de estrés o si hay problemas en la pareja, por poner algunas causas habituales y que pueden afectarnos independientemente de si somos hombres o mujeres. Pero en el caso de los hombres, hay algunos motivos concretos asociados sobre todo a la socialización masculina que influyen en lo que se puede percibir como un bajo deseo.

 

Estos motivos muchas veces tienen que ver con las expectativas, con lo que los hombres piensan que se espera de ellos en el plano sexual y las ideas que tenemos sobre cómo tiene que ser un encuentro erótico.

 

Y dentro de estas expectativas entran los roles de género, según los cuales se espera de los hombres que siempre tengan ganas de tener relaciones o estén predispuestos a ello la mayor parte del tiempo. Cuando la realidad es que prácticamente a nadie le apetece tener relaciones en todo momento, sea cual sea la situación. A veces puede pasar que no coincida el momento en el que a ambas partes de la pareja les apetezca tener relaciones; y cuando es al hombre a quien no le apetece, puede aparecer una inseguridad por no ajustarse a este canon social del hombre hiperdeseante. Puede ser frustrante no tener deseo en situaciones en las que «se supone» que deberíamos tener deseo, como por ejemplo cuando estamos de viaje con nuestra pareja. Muchas veces estamos cansados, estresados o simplemente nos apetece más tumbarnos en el sofá a ver una serie. Pero eso no significa que no nos guste nuestra pareja o que no tengamos deseo en otros momentos.

 

Cada vez está más extendido el uso de aplicaciones móviles de ligue como forma de conocer gente para tener relaciones sexuales o encontrar pareja. Cuando se queda con una persona que hemos conocido mediante el uso de estas aplicaciones es otro momento en el que se supone que se deberían tener ganas de tener relaciones si la cita ha ido bien. Pero puede que llegado el momento no apetezca o que incluso la propia presión del «ahora toca tener relaciones» haga que no tengamos ganas. En el caso las apps de ligue para hombres homosexuales y bisexuales (Grindr, Wapo, Scruff…) es habitual que se dé una interacción en la que el objetivo sea tener encuentros esporádicos centrados en tener una relación sexual de forma rápida.

 

Hay hombres que no se encuentran cómodos en este formato de citas y que prefieren conocer a la otra persona poco a poco, pero a veces terminan usando estas aplicaciones como forma rápida de conocer gente para tener encuentros. Si no nos encontramos cómodos en este tipo de interacciones porque las consideremos frías o impersonales, puede pasar que cuando llegue el momento de quedar con la otra persona no tengamos ganas de tener relaciones, por muchas ganas que tuviéramos hace un rato.

 

Otra cuestión que puede influir en el deseo es la autoestima a nivel corporal, ya que los cánones de belleza son cada vez más exigentes, ahora también con los hombres. No ajustarnos a la normatividad de cuerpos jóvenes, no demasiado delgados, algo musculados, etc., puede dar lugar a inseguridades a la hora de mostrarnos ante otras personas. Además, el tamaño del pene puede llegar a ser un motivo de complejo, sobre todo si se hacen comparaciones con lo que se ve en la pornografía.

 

Tomar la pornografía como modelo de lo que se supone que tienen que ser las relaciones sexuales puede llevar a algunos hombres a sentir que no son muy buenos en la cama porque no se ajustan al tipo de cuerpos, tamaños de pene, prácticas y los tiempos de erección y eyaculación tan prolongados que se ven en estas películas. Tomar como norma referentes poco realistas puede dar lugar a frustraciones por intentar llegar a unos estándares que no se pueden conseguir.

 

En general, el hecho de sentirse mal amante puede llevar a muchos hombres a evitar las relaciones sexuales. Sentirse mal amante suele tener que ver con la idea de no ser capaz de satisfacer a la otra persona; las causas pueden ser unas expectativas demasiado altas de lo que se espera de ellos en las relaciones sexuales o sentir que les falta información sobre cómo dar placer a una mujer, en el caso de parejas heterosexuales. Las dificultades con la erección o con la eyaculación también suelen ser motivos de una baja autoestima a nivel sexual. Y la sensación de no poder o no saber cómo satisfacer a la otra persona puede llevar a una evitación de las relaciones sexuales y un descenso en los niveles de deseo, que si no se aborda puede prolongarse en el tiempo.

 

Al final, mucho de lo anterior tiene que ver con la idea social de que los hombres tienen que estar siempre dispuestos y rendir o dar la talla en las relaciones sexuales. Pero la realidad es que es muy difícil ajustarse a la norma porque muchas veces esa norma no es realista. Existe mucha diversidad, cada persona es diferente, con sus propios niveles de deseo que pueden variar dependiendo de muchos factores y con sus propios gustos en la erótica. Una posible clave para comenzar a deshacernos de las expectativas poco realistas puede ser tener una comunicación abierta con nuestra pareja sobre qué cosas le gustan y explorar diferentes formas de obtener placer. Y darnos permiso para sentir deseo cuando lo sintamos, pero también para no tener ganas cuando no las tengamos, sin obligarnos ni forzarnos a unas expectativas determinadas, sino en función de lo que nos vaya apeteciendo en pareja.

 

Por María de Elena Amor