Me llevo mal con él pero el sexo es maravilloso

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Me llevo mal con él pero el sexo es maravilloso

Me llevo mal con él pero el sexo es maravilloso

Octubre 12, 2021

No llevarse bien con alguien es algo relativamente frecuente que nos pasa a todas y se apoya en un concepto primario; el rechazo. Casi indefectiblemente, nuestra distancia personal con esa persona se amplía, bien de manera voluntaria o involuntaria, de forma que la inclinación suele ser la de procurar siempre el evitarlo, la de no coincidir nunca ni físicamente ni cognitivamente con él de manera que parece que nos domina una fuerza centrífuga hacia su persona. No se establecen vínculos de aproximación sociales (no “bajamos los puentes”) y nuestros consustanciales mecanismos eróticos de aproximación parecen no funcionar (no nos sale un saludo sincero, no aflora la sonrisa en nuestra cara y evitamos ni tan siquiera observarlo), y no parece interesarnos nada de lo que nos pueda ofrecer o proponer… Simplemente, lo rechazamos.

 

Pero el rechazo no es una mera actitud pasiva; implicamovimiento en dirección opuesta o el ejercer una fuerza de resistencia, muchas veces de manera inconsciente pero muchas otras de manera consciente y con la voluntad de que se manifieste de manera explícita (queremos que el rechazado se sepa rechazado por nosotras). Lo contrario del rechazo que nos produce sentir antipatía, es otra fuerza, esta de carácter centrípeto que venimos en llamar “atracción” y que tiene en nosotras una manifestación completamente opuesta a la descrita. Ambas, rechazo y atracción, tienen también una curiosa característica común; suelen ser compartidas. Al que rechazamos, suele rechazarnos, quien nos atrae suele ser atraído por nosotras. Si el rechazo derivado de una antipatía, animosidad o enemistad implica, como venimos diciendo, distancia y es lo contrario de la atracción, parecería imposible que, en estas circunstancias, pudiera darse algo que exige tantísima proximidad existencial y física así como la teórica generación de sentimientos de proximidad (ternura, afecto, comprensión…) como es el mantener una interacción sexual. En teoría, nunca follaríamos con alguien que rechazamos, que nos cae mal, con el que no podemos entendernos. Sin embargo, esto no siempre es así, es más, hay ocasiones en las que esa voluntad de establecer distancia actúa como un poderoso estímulo para nuestra libido para con esa persona… Y lo que todavía es más curioso; a veces, lo hace no de manera puntual sino de manera recurrente, de forma que hasta somos capaces de establecer algo así como una relación de pareja con alguien a quien todos nuestros sentidos y juicios nos están diciendo que nos cae como una patada en las pelotas. A veces, el rechazo es una forma de neurótica atracción.

 

En ocasiones, el sexo no es más que la guerra por otros medios

 

Hemos dicho que en ocasiones el rechazo es una fuerza activa que pide manifestarse, mostrarse, desarrollarse y hacerse explícita, pero no sólo eso, hay cierto tipo de aversión que, desde ella, lo que busca es domeñar al rechazado, someterlo y ponerlo a su servicio. En estos particulares casos, que regulan algunas relaciones eróticas y hasta fundamentan parejas, el rechazo se transforma y se manifiesta en una forma concreta; la lucha de poder en las que los “enemigos” no pueden dejar de mirarse, de captarse mutuamente la atención… No saben mostrase indiferentes. Como decía el militar y teórico de la ciencia militar,Carl von Clausewitz, en ocasiones la guerra no es más que la política por otros medios, a lo que podríamos añadir que, en ocasiones, el sexo no es más que la guerra por otros medios. El vínculo (de rechazo pero vínculo al fin y al cabo) encuentra su formulación y su finalidad en la confrontación cuerpo a cuerpo de una interacción sexual no establecida desde la cooperación de dos cuerpos que se aman y buscan el beneficio compartido de los goces particulares, sino que se fundamenta en la voluntad (gozosa) de que el cuerpo del adversario sea vencido por nuestras estrategias “amatorias” (que procuran gozo y nos aportan gozo). Y a veces, un polvo con estas finalidades resulta de lo másgratificante sexualmente (si bien, concluida la “refriega”, suele producirnos una sensación de desamparo).

 

La lucha de poder como estrategia vinculativa puede producir puntuales beneficios carnales pero nunca se muestra, al contrario de lo que muestran las películas esas en las que el sexo de los protagonistas les demuestra, haciendo aflorar la ternura, lo erróneo que era el rechazo inicial, como un sustrato sólido y eficiente para soportar una relación, y menos para sostener eso tan complicado y complejo de la pareja. Cuando en consulta nos topamos con dos personas que han basado su relación exclusivamente en una lucha de poder, solemos saber dos cosas; pueden follar de maravilla (normalmente no follan), pero eso no los va a mantener juntos y las individuales estructuras psíquicas que llevan a establecer este tipo de unión suelen estar seriamente neurotizadas. Y es que un vínculo no necesita indefectiblemente del sexo, pero el sexo no es suficiente para sostener por sí mismo un vínculo. Así que sí; te puedes follar con especial gusto a alguien, con él no irías ni a comprar el pan a la vuelta de la esquina, pero eso es tan cierto como que, sin compartir el pan, hasta el propio sexo acabará indigestándose.

 

Por Valerie Tasso